El sueño de la escritura

El sueño de la escritura

lunes, 23 de marzo de 2015

Cuento: La medalla de San Benito



Son las 7 de la mañana y Martín desayuna un café negro con una medialuna de grasa, tibia y crujiente. Revuelve en forma circular hacia un lado y hacia el otro su café. Mira a través de la ventana espejada del piso 25 del Edificio Madero Office Center. Sus ojos se detienen, casi ausentes, en el río.  Piensa, insiste, suspira, no comprende, no comprende. Se pregunta y se responde en forma continuada: “¿Por qué justo van a cerrar el comedor? ¿Qué va a pasar con Andrés?”
                                                                 
                                                              ________

-¡Acá viene Martincho! ¿Qué haces loco? ¿Por qué no vas a venir esta noche?
- Ya les dije, ¡no me interesa!
- Dale, dale Martincito…vos podes. Nosotros hacemos de campana y vos te llevas lo primero que encontras en lo del viejo Osvaldo.
-No insistan, ¡no quiero!
- Desde que te ves con ese cura, estás hecho un gil. Vaya a saber que te metió en la cabeza.

________

Martín no dejaba de interrogarse por el destino de Andrés: “¿Qué voy hacer con Andrés? Yo le di mi palabra, no va a entender. Se va a sentir defraudado. Yo puedo hacer algo, debo hacer algo. Voy a hablar con Soledad, ella me va a ayudar” – pensó.
- Buenos días Martín.
-Buenos días Gerardo.
- ¿Ya le informaron lo del comedor, no?
-Sí, me entristece. Era algo bueno lo que hacíamos. ¿No hubo forma de… - y antes que terminase con su pregunta, su jefe lo interrumpió -  No, ninguna, las órdenes fueron claras, recortar todo gasto que no sea imprescindible y el comedor no lo es.
Esas palabras dichas ligeramente, se agolpaban en la garganta de Martín, entremezcladas con el café negro que ahora le raspaba y le provocaba un calor insoportable en su cuello.
-Comprendo Gerardo, solo que hay muchos chicos que se van a perjudicar.
-Martín nosotros no estamos para salvar al mundo. Esos chicos están condenados. No tienen vuelta atrás, seguramente sabremos de ellos en los diarios de los próximos años, porque se transformarán en rateros, asesinos, violadores, usted ya sabe, no hace falta que le explique. Cambiando de tema, necesito la minuta de la reunión de ayer para el mediodía. Gracias.

________

-Hola Padre ¿Cómo está?
-Qué sorpresa Martincito, qué alegría me da verte ¿Cómo anduvo hoy el trabajo con los diarios?
-Bien, bien
-¿Te ves raro? ¿Problemas en la escuela?
-No, no. Voy mejor que antes, me saqué un siete en la prueba de verbos.
- Muy bien, te felicito. Entonces ¿por qué esa mirada cabizbaja?
-Otra vez
-¿Otra vez qué Martín?

________

Eran casi las doce y Martín no podía escribir ni media oración acerca de la reunión con todos los coordinadores de las diferentes áreas del banco. Él, que tenía a su cargo la gestión sobre los procesos de control y calidad llevados a cabo por cada uno de los departamentos, quería por un momento aquietar su mente, separarla de su cuerpo y encontrar una respuesta, algo tranquilizador. En definitiva ¿por qué tanto interés y preocupación por Andrés? – se cuestionaba. 

Andrés era parte de su corazón, se había adherido a su alma, desde que lo conoció ese domingo en el comedor de San Telmo. Nunca olvidó que fue el único de los niños que al verlo entrar lo miro y le sonrió. Una sonrisa que se dibujaba precisa de un punto al otro punto de la boca, de manera franca y con un hoyuelo pequeño en su mejilla derecha. Andrés tenía seis años, hablaba muy poco y su melena era castaña y revoltosa. Sus ojos grandes, eran una mezcla de girasol y castañas.
Martín se sentó ese primer día a su lado y le dijo: - Este es un lugar al que podrás venir siempre, y no solo para comer cosas ricas, sino para jugar, pintar y hacerte amigos –
Andrés lo abrazó y soltó una lágrima. Martín sólo pudo contenerlo e instintivamente tocó con el pulgar de su dedo izquierdo la medalla de San Benito que le había obsequiado a sus once años el Padre Luis.

________

-El Colo y Pablo, quieren que salga con ellos. Ya sabe, padre.
-¿A robar? ¿Eso quieren?
-Si – contestó con pudor Martín.
-¿Y vos que pensas?
-Que… está mal.
-Entonces si ya sabes que está mal, ¿Qué te entristece?
-Que si yo saliera con ellos, aunque sea una vez, podría ayudar a mi mamá y a mi papá.
-¿Ayudarlos, robando?
-Tampoco, es para decir así…
-¿Y cómo debería decirlo? ¡Voy a tomar algo prestado de otros!
-Nos están por desalojar de la habitación, padre. Mamá llora y la plata por la venta de los diarios solo alcanza para la comida. ¿Me entiende padre?

________

-Mi amor ¿me llamaste?- preguntó Soledad a Martín.
-Si gorda, estoy mal, cerraron el comedor. ¿Qué vamos a hacer con Andrés? Había avanzado mucho en estos últimos años. Yo le prometí ¿te acordas? Ahora va a volver a la calle. Yo no quiero. Estoy angustiado.
.-Tranquilo, si queres esta noche lo hablamos en casa ¿te parece?
No puedo trabajar! Gerardo solo se preocupa por informes y minutas. ¿Podes creer que ni se inmutó con el cierre del comedor? ¿Tan frío se puede ser? Y yo que creí en los valores de esta empresa, pensando que había una mirada solidaria sincera, un deseo permanente de ayudar, de revertir, de transformar y es todo una gran farsa, un revestimiento llamado Responsabilidad Social Empresaria. Ya está,  nos llevamos el premio por los valores éticos y morales, aumentamos la reputación y notoriedad y ahora el comedor pasa a ser un descartable, algo que – según Gerardo – no es imprescindible.
-Sabíamos que podía pasar esto. Era una posibilidad- le respondió su novia.
-Yo lo único que admito que pase en la vida de una persona es la “posibilidad”, es la “oportunidad”. Eso que tuve yo. Vos sabes.
-Hablamos en casa amor, no te angusties. Beso. Te amo.-
-Chau hermosa. Apenas termino voy para casa. Te amo- se despidió Martín, que nada lo calmaba, ni siquiera la conversación con su novia desde hace 8 años. Su concubina, en realidad. Martín y Soledad eran convivientes, marido y mujer de hecho, pero esas categorías las detestaban, así que preferían presentarse como novios, sentían que ese término encerraba el concepto de frescura, libertad y amor sincero. No tenían hijos, no podían tener hijos. Habían hecho varios tratamientos y ninguno tuvo los resultados esperados. Al principio se habían desesperado, estaban tensionados, casi al punto del reproche, pero el amor entre ellos estaba sostenido principalmente en el pilar de la empatía, del entendimiento, de la contención.

________

-¿Y por qué en vez de pensar en robar, no ayudas a vender más diarios a tu padre? ¿O aprendes a tallar plata, como lo hace tu madre y ofreces esas joyas artesanales tan preciosas? sugirió el Padre Luis
-Es que ahora no tiene mucho tiempo, mi hermanita tiene un año y medio apenas, y se ha enfermado bastante. Es asmática ¿no sé si le conté?
-Sí, sí. Además, la vi a tu madre el otro día en la salita, esperando que la atendiera el doctor ¿Y ahora está mejor Jazmín?
-Sí, ¡pero si vamos a la calle, en este invierno, se va a enfermar! Yo no quiero que se muera mi hermanita- dijo con voz entrecortada y suave Martín.
-Nada de eso va a suceder, yo te lo prometo – afirmó mirándolo con ternura, el padre Luis.
- ¿Y eso cómo me lo puede asegurar?
- ¿Crees en Dios?
-A veces sí, a veces no. Ahora estoy enojado con él – por ejemplo.
- ¿Sabías que cuando nos enojamos con Dios, él nos quiere igual, nos cuida?
-No estoy tan seguro, Padre.

________

-¿En serio lo harías? – le pregunta Martín  emocionado a Soledad.
-Yo también lo quiero – responde sin titubear su novia.
-Pero antes me habías dicho que no, que era complicado, que nos cambiaría nuestra vida-aclaró Martín.
-El antes y el futuro, no existen. Esto es ahora, el presente, lo que decimos, decidimos y hacemos.
Ante estas palabras Martín abraza en forma envolvente a Soledad, le besa suavemente la mejilla. Ella sonríe. Él no puede creer lo que acaba de escuchar. De pronto su preocupación sobre Andrés se deshace, se esfuma, se desarticula.

________

-Hagamos un trato, como diría el querido Benedetti
-¿El poeta uruguayo que usted me enseño, Padre?
-¡Exacto! Tenes una excelente memoria.
-Voy a regalarte algo muy preciado por mí, pero prometeme que lo llevaras siempre, que pase lo que pase nunca te desprenderás de él, con lluvia, con sol, en el barro, en el cemento, cuando crezcas y te conviertas en ese gran hombre que vas a ser.
-¿Qué es Padre?
-La medalla de San Benito ¿La conoces?- interrogó el Padre Luis.
-Mmmm, creo que no
-Es protectora de todo mal, de todo demonio, de toda tentación. Esos muchachos quieren tentarte a pecar, incitarte a que hagas algo de lo que te arrepentirás porque tu corazón tiene luz. Estas hecho para hacer el bien. Así que cada vez que pienses que algo malo puede suceder, que algo no está bien, que alguien quiere quebrar tu fuerza de voluntad, toca con tu dedo pulgar la medalla y reza, pide protección para ti y tus seres amados, y te puedo asegurar que no tendrás nada que temer. Tendrás tu oportunidad en esta vida, tu hermana y tus padres también.

________


- Eso es lo que haremos. Me siento feliz, será nuestra oportunidad, nuestra posibilidad de ser una gran familia. Lo adoptaremos Sole, ¡Andrés será nuestro hijo! - es lo que gritaba Martín, extasiado, pleno,  sin dejar de abrazar a Soledad  y tocando con su pulgar la medalla de San Benito.

No hay comentarios:

Publicar un comentario