Viernes 8 de Septiembre de 2005
Cuando se fue la odié con el veneno de las palabras, con la vena
hinchada, latiendo minuto a minuto, con la mano a punto de golpear la pared o
el rostro de ella, con la punzada en el corazón que no me dejaba dormir, pero
también la extrañaba como un loco; con los ojos desorbitados, balbuceando entre
lágrimas su nombre, apretando firmemente el puño como queriendo retener su
dulzura, su forma de quererme. La dejé ir por mi imbecilidad, por mi soberbia.
Ella que había movido mi mundo, no supe nunca qué hacer con ella…
-¿Qué estás leyendo amor?
-Estaba revisando unos
planos de la casa de Fernández. No sé para qué me metí en ese proyecto, el tipo
es complicado y me cambia todo el tiempo la distribución de los espacios. Es un
loco enamorado de su idea, pero no sabe cómo llevarla a cabo.
- Está bien, te dejo
tranquilo, en un rato ya sirvo la comida. Preparé tu plato preferido: pollo con
arroz en salsa de champiñones junto a un vinito de lujo, especial, que compré
en la feria gourmet el fin de semana pasado. Aprovechemos que los chicos no están y cenamos solitos. ¡Acordate,
con esta cena te vas a olvidar de todo!
-Gracias hermosa mía, en un rato voy.
Martes 21 de Mayo de 2013
¡Por Dios!, cómo le explico que la vi, que se me saltó el corazón, que
estaba preciosa con su falda a media pierna, apenas insinuando su silueta
pequeña y delicada, su blusa color perla apenas traslúcida que dejaba asomar
una pequeña puntilla, sus bucles dorados, brillosos, revoltosos hasta la
cintura y sus ojos avellana que no dejaron de parpadear cuando me la encontré
frente a frente. Sólo pudimos abrazarnos, solo pude llorar, solo pudo llorar.
Sequé sus lágrimas con mi pañuelo y le pregunté: ¿Por qué lloras? Me sonrió con
aquellos labios cereza, que alguna vez besé con fuerza, con autoridad, con
desafío y me contestó: por felicidad. Me da felicidad volver a verte, a pesar
de todo, a pesar de lo que no pudimos hacer, a pesar de nuestras vidas
distantes, a pesar de nuestros sueños borrosos y todo lo que se rompió. Ya te
perdoné, soy feliz, estoy en paz. -¿Me comprendés? – me interrogó. La separé de
mi cuerpo, casi con rechazo, casi con bronca o con ¿odio?, aquel que una vez me
nubló la vista y no me permitió hacer nada por ella, por mí, por nosotros. ¿Qué
ocurre? – me preguntó – Yo no respondí. Estaba vacío, las lágrimas salían
alborotadas sin poderlas parar. –Es que…yo…yo Abril…esperaba….- ¿Qué esperabas
Santiago, qué esperabas que pasara si nos volvíamos a encontrar después de
tanto tiempo?
-Santi, mi amor, la comida
está en la mesa.
-Si, si, ya termino de ver
esto y voy.
No debería seguir escribiendo
sobre lo de hoy, ni de lo de antes. ¿Cómo se sentiría Mariela si lo leyera?
¿Qué pensaría de mí? ¿Creería que en realidad nunca la amé y que solo siento
gratitud por los dos bellos hijos que tenemos? No me siento bien. Yo también
debería sentirme feliz por haberla visto después de tanto tiempo, tan luminosa
y espléndida. Pero no, estoy quebrado, aniquilado, como si me hubiesen golpeado
una y otra vez sobre mi cabeza y un sonido redundante de tambor no dejara de
hundirse en mis pensamientos. Es que yo esperaba algo distinto. Encima se casó
con…ese infeliz! Pero es feliz, algo que conmigo no lo fue. Pero ¿por qué no lo
fue? ¿Qué fue lo que no le pude dar?
-¡Santi! dejá esos planos,
trabajas mucho, aprovechemos, ya te dije es una noche para olvidarnos de todo!
Callate Mariela! Quiero
pensar en ella. No quiero el arroz. No quiero cena romántica, no quiero tu
camisón de satén coral con encaje y tu perfume Flower in the Air de Kenzo. No quiero tus caricias. No quiere
enredarme en tu piel. No quiero. Quiero ir a buscarla y decirle que lo deje,
que podemos escaparnos, que podemos ser lo que nunca fuimos, por inmadurez, por
falta de experiencia, por fusión de egos, por… ¿Cómo puedo estar pensando esto?
¡Soy un desgraciado! Mariela no merece esto, ni lo que pienso, ni lo que
escribo, es amor genuino el que ella me brinda día tras día…es la madre de mis
hijos ¡Soy un monstruo!
Esperaba que me recordaras con nostalgia, que quedaras inmovilizada con
deseos de volver el tiempo atrás, de recordar nuestros paseos. ¿Aún tu memoria
puede recordar esa noche en el jardín de tu casa? ¿Te acordas Abril? Yo tenía
el libro de Rimas de Adolfo Bécquer. ¡Yo te amaba! ¡Vos me amabas!. – Ella me
interrumpió con dulzura- Si, Santi, me acuerdo, pero eso ya pasó. Soy feliz con
Mariano. Y soy feliz encontrándote, saber que estas bien.
Me volvió abrazar, apenas su boca rozó mi mejilla y yo creí que se abría
la tierra debajo de mis pies. Sin mirarme, se fue. Su caminar se perdió, entre
las personas que diariamente van y vienen por la calle Corrientes. En ese
instante Bécquer volvió a mi cabeza y de memoria y en voz baja recité:
“Cuando me lo contaron sentí el frío
de una hoja de acero en las entrañas;
me apoyé contra el muro, y un instante
la conciencia perdí de dónde estaba.”
de una hoja de acero en las entrañas;
me apoyé contra el muro, y un instante
la conciencia perdí de dónde estaba.”
-Santi, dejá los planos de Fernández.
El arroz y mi camisón de satén te están esperando.
- Mmmm… ¿Te pusiste el coral, que
tanto me enloquece?
- Si…y a mí me encanta que te
enloquezca.
Vanesa Spinelli

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