El sueño de la escritura

El sueño de la escritura

lunes, 23 de marzo de 2015

Cuento: Que te enloquezca

Viernes 8 de Septiembre de 2005

Cuando se fue la odié con el veneno de las palabras, con la vena hinchada, latiendo minuto a minuto, con la mano a punto de golpear la pared o el rostro de ella, con la punzada en el corazón que no me dejaba dormir, pero también la extrañaba como un loco; con los ojos desorbitados, balbuceando entre lágrimas su nombre, apretando firmemente el puño como queriendo retener su dulzura, su forma de quererme. La dejé ir por mi imbecilidad, por mi soberbia. Ella que había movido mi mundo, no supe nunca qué hacer con ella…

-¿Qué estás leyendo amor?

-Estaba revisando unos planos de la casa de Fernández. No sé para qué me metí en ese proyecto, el tipo es complicado y me cambia todo el tiempo la distribución de los espacios. Es un loco enamorado de su idea, pero no sabe cómo llevarla a cabo.

- Está bien, te dejo tranquilo, en un rato ya sirvo la comida. Preparé tu plato preferido: pollo con arroz en salsa de champiñones junto a un vinito de lujo, especial, que compré en la feria gourmet el fin de semana pasado. Aprovechemos  que los chicos no están y cenamos solitos. ¡Acordate, con esta cena te vas a olvidar de todo!
-Gracias hermosa mía, en un rato voy.

Martes 21 de Mayo de 2013

¡Por Dios!, cómo le explico que la vi, que se me saltó el corazón, que estaba preciosa con su falda a media pierna, apenas insinuando su silueta pequeña y delicada, su blusa color perla apenas traslúcida que dejaba asomar una pequeña puntilla, sus bucles dorados, brillosos, revoltosos hasta la cintura y sus ojos avellana que no dejaron de parpadear cuando me la encontré frente a frente. Sólo pudimos abrazarnos, solo pude llorar, solo pudo llorar. Sequé sus lágrimas con mi pañuelo y le pregunté: ¿Por qué lloras? Me sonrió con aquellos labios cereza, que alguna vez besé con fuerza, con autoridad, con desafío y me contestó: por felicidad. Me da felicidad volver a verte, a pesar de todo, a pesar de lo que no pudimos hacer, a pesar de nuestras vidas distantes, a pesar de nuestros sueños borrosos y todo lo que se rompió. Ya te perdoné, soy feliz, estoy en paz. -¿Me comprendés? – me interrogó. La separé de mi cuerpo, casi con rechazo, casi con bronca o con ¿odio?, aquel que una vez me nubló la vista y no me permitió hacer nada por ella, por mí, por nosotros. ¿Qué ocurre? – me preguntó – Yo no respondí. Estaba vacío, las lágrimas salían alborotadas sin poderlas parar. –Es que…yo…yo Abril…esperaba….- ¿Qué esperabas Santiago, qué esperabas que pasara si nos volvíamos a encontrar después de tanto tiempo?

-Santi, mi amor, la comida está en la mesa.

-Si, si, ya termino de ver esto y voy.

No debería seguir escribiendo sobre lo de hoy, ni de lo de antes. ¿Cómo se sentiría Mariela si lo leyera? ¿Qué pensaría de mí? ¿Creería que en realidad nunca la amé y que solo siento gratitud por los dos bellos hijos que tenemos? No me siento bien. Yo también debería sentirme feliz por haberla visto después de tanto tiempo, tan luminosa y espléndida. Pero no, estoy quebrado, aniquilado, como si me hubiesen golpeado una y otra vez sobre mi cabeza y un sonido redundante de tambor no dejara de hundirse en mis pensamientos. Es que yo esperaba algo distinto. Encima se casó con…ese infeliz! Pero es feliz, algo que conmigo no lo fue. Pero ¿por qué no lo fue? ¿Qué fue lo que no le pude dar?

-¡Santi! dejá esos planos, trabajas mucho, aprovechemos, ya te dije es una noche para olvidarnos de todo!

Callate Mariela! Quiero pensar en ella. No quiero el arroz. No quiero cena romántica, no quiero tu camisón de satén coral con encaje y tu perfume Flower in the Air de Kenzo. No quiero tus caricias. No quiere enredarme en tu piel. No quiero. Quiero ir a buscarla y decirle que lo deje, que podemos escaparnos, que podemos ser lo que nunca fuimos, por inmadurez, por falta de experiencia, por fusión de egos, por… ¿Cómo puedo estar pensando esto? ¡Soy un desgraciado! Mariela no merece esto, ni lo que pienso, ni lo que escribo, es amor genuino el que ella me brinda día tras día…es la madre de mis hijos ¡Soy un monstruo!

Esperaba que me recordaras con nostalgia, que quedaras inmovilizada con deseos de volver el tiempo atrás, de recordar nuestros paseos. ¿Aún tu memoria puede recordar esa noche en el jardín de tu casa? ¿Te acordas Abril? Yo tenía el libro de Rimas de Adolfo Bécquer. ¡Yo te amaba! ¡Vos me amabas!. – Ella me interrumpió con dulzura- Si, Santi, me acuerdo, pero eso ya pasó. Soy feliz con Mariano. Y soy feliz encontrándote, saber que estas bien.
Me volvió abrazar, apenas su boca rozó mi mejilla y yo creí que se abría la tierra debajo de mis pies. Sin mirarme, se fue. Su caminar se perdió, entre las personas que diariamente van y vienen por la calle Corrientes. En ese instante Bécquer volvió a mi cabeza y de memoria y en voz baja recité:
 “Cuando me lo contaron sentí el frío
de una hoja de acero en las entrañas;
me apoyé contra el muro, y un instante
la conciencia perdí de dónde estaba.”

-Santi, dejá los planos de Fernández. El arroz y mi camisón de satén te están esperando.

- Mmmm… ¿Te pusiste el coral, que tanto me enloquece?

- Si…y a mí me encanta que te enloquezca.





Vanesa Spinelli

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